Agustina

La tarde dejaba caer un atrayente aroma, haciendo que algunas sensaciones se deslizaran por la pendiente de la memoria, hasta desembocar en la tierra firme del ahora. Me encanta seguir el alboroto de los pájaros excitados por la vitalidad que les circunda. De acá para allá sin rumbo fijo, recortando inesperadamente, guiados por un azar mecanizado, que describe una oculta simetría interna. Escuchaba el suave balanceo del mar que servía de música de fondo, yendo y viniendo en una irrupción infinita. Dónde estarás. De repente sonó el timbre del teléfono, lo que me hizo seguir la senda de una huella aguda hasta alcanzar su origen. Hola. Buenas tardes, don Jesús, soy Agustina, de Bodegas Brisket, le pillo en mal momento. Ah, no, no, estaba en un buen momento Agustina. Pues verá don Jesús, le llamaba porque tenemos una buena oferta de ese vino que le gusta tanto. Ah si, ya recuerdo, le dije que había quedado muy satisfecho con el merlot foc, francamente bueno. Mi llamada don Jesús es para comunicarle que seguimos manteniendo el mismo precio de hace seis meses y además le regalamos los portes. Verá Agustina hemos hablado ya unas cuantas veces y con frecuencia seguimos este rito monótono, anodino, en el que Vd. trata de que compré el vino magnífico que sus bodegas producen. Don Jesús no quiero molestarle, si le interrumpo o le viene mal ahora, puedo llamarle en cualquier otro momento, le pido mil disculpas. No, no Agustina precisamente ha llamado en el momento oportuno, tiene el timbre de voz adecuado para este momento especial. No le comprendo. Claro quizás no esté anotado en su guión, pero irrumpió esta tarde aquí, en el momento en que yo la estaba esperando; eso por fortuna no viene en los manuales de la entrevista comercial, pertenece a un espacio de comunicación diferente, que no menos eficiente para la venta. De verdad don Jesús no le entiendo. Es sencillo nos conocemos hace ya un tiempo, hemos hablado puntualmente estos últimos años, varias veces; escuchar su voz me relaja, tiene un timbre firme y grave muy agradable, con ciertas pinceladas de sensualidad; con certeza le diré que la primera vez que contactó conmigo, no se quién le daría mi teléfono, fue su voz la que logró cerrar la venta, me convenció cuando me dijo que volvería a llamarme para conocer el grado de satisfacción que me había proporcionado el producto y la calidad del servicio prestado, no podía dejar pasar esa nueva oportunidad de escucharla. Siempre intentamos ser buenos profesionales, don Jesús, es nuestro trabajo. Me gustaría que ambos dejáramos escapar nuestra imaginación y que esta conversación se convierta en encuentro a deshora, embaucado por la magia de esta tarde, que poco a poco va cambiando de color. Me deja Vd. don Jesús sin argumentos, ahora no se que decirle. Qué bien Agustina hemos perdido el rito. Y ahora. Seremos un poco más nosotros mismos.

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Una respuesta a Agustina

  1. Alborada dijo:

    🙂 Seguramente es la conversación pendiente… la que no procede, pero insinuante se cuela en nuestros sentidos… para romper lo anodino… el tintineo de dos voces que juegan, sensuales, entre palabras… ¿Siempre el juego de hombre-mujer??

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